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viernes, 18 de julio de 2008

Distracción

Ilustración: Furtiva lágrima 2. Nicoletta Tomas.

Lo siento, he estado distraída. Primero me distrajo la felicidad, entre otras razones. Más tarde, varios meses más tarde, me distrajo el dolor.
De nuevo la ausencia, de nuevo la muerte, de nuevo el dolor.
Pero esta vez no escribo para exorcizarlos. Estas letras son de reconciliación. Me reconcilio con mis conjuros, con la red, y con algún curioso despistado que pase por aquí.
Esa felicidad distraída me enseñó mucho. Y me recordó más. Así que tengo varias palabras preparadas para bailar después de tantos ensayos. Bailes eufóricos, bailes sinuosos, algunos que hasta chapotean agua, otros que encienden. Bailes.
Hoy es un buen día para volver. La sonrisa ya no me cuesta, la levedad no me es insoportable. Hoy no hay vértigo.
Hoy estoy aquí. Soy aquí.
Sólo estaba distraída.

martes, 20 de junio de 2006

De su Soul a su Soleá

Ilustración: Joaquín Cortés. Desconocido.

Ahora no la cantaba, la veía bailar. Justo una semana después la veía bailar. Esta vez bajo el cielo abierto de una ciudad de los alrededores de mi cotidiana Madrid, veía bailar a la soledad. Llegamos casi justo a tiempo para no perdernos el principio. Y esta vez no era otro de mis espectáculos en solitude.
Ya en una oportunidad había disfrutado de su “duende”, el de él, al otro lado del océano, en mi Maracaibo natal. Y de ello tengo pruebas cuidadosamente conservadas en una pared de mi habitación. En esa ocasión sacaba a bailar a su alma (Soul), gitana y universal, entre palmas y taconeos.
Pero ahora le tocaba a la soleá. Y solitario se veía –y tanto- cuando salió al escenario, relucido no sé si por el juego de iluminación de diseño pensado para la ocasión o por los luceros que podían verse desde nuestros asientos a cielo abierto, que parecían asistir como nosotros a ver bailar, y a dar palmas.
Los vi bailar. Y disfrute viéndolos. A él y a su soleá. Y una vez más sentí ese vínculo común con tantos, presentes y ausentes. Yo y mis coincidencias imposibles.
Siempre he sentido una particular debilidad hacia la percusión, ese sonido seco de algo que hace música cuando se estrella contra otra superficie. Como los cajones de sus músicos, como el acompasado choque de sus pies contra el suelo, como las palmas, las de ellos, las nuestras.
De nuevo ví el “duende”, aunque debo admitir que esta vez más en el mérito de la música que cualquier otra cosa.
Me atrevería a decir, a estas alturas, que nunca había asistido a una celebración tan contundente de la falta de compañía…

lunes, 29 de mayo de 2006

Once upon a time...

(o sea chico, érase una vez...)

En tiempos de la Nostalgia, miembros de las diferentes castas que habitaban la tierra media se congregaron en el valle cercano al Gran Océano que separaba los Continentes Mayores, y decidieron formar la Comunidad del Ron.

El motivo: buscar la compañía necesaria y la solidaridad inexorable –acompañantes usuales de los exiliados voluntarios- para que el Señor Oscuro no trajera de nuevo la soledad y el desánimo al corazón de los andantes.

Gandalf Mejía y Adriana Bolsón los guiarían a través del Valle de las Cenas Perpetuas, el Abismo de la Sonrisa Espontánea y las Minas de la Marcha Madrileña...


Esto podría seguir indefinidamente, así que porqué mejor no brindamos por ti, por los olores, sabores, texturas, sueños alcanzados y tareas pendientes, vividos y por vivir, y así, cada vez que juegues a las escondidas con la nostalgia no te sea difícil recordarnos con una sonrisa.

Aunque recordar quizás no sea la palabra más adecuada, por aquello de volver a pasar por el corazón. No se puede volver a pasar por un sitio del que no se ha partido...

Un abrazo y nuestra mirada, para que eches mano de ellos cada vez que se necesite.

jueves, 25 de mayo de 2006

En una esquina

Ilustración: A todas las niñas valientes que salen a buscar lo que quieren. Nicoletta Tomas.

Harías 51. 51 años, hoy.
¿Cómo lo celebrarías? Otras de las innumerables preguntas que siempre me inspiras al pensar en ti. Me es inevitable, ya ves, desde niña, aunque no recuerdo a ciencia cierta cuando me hice la primera.
Muy probablemente yo ni siquiera podría felicitarte, no sabría donde hacerlo. Y con mi conocida y brutal franqueza debo decir que preferiría no hacer algo tan sin sentido.
Seguramente por eso hoy me acuerdo de ti. Como siempre, me acuerdo de ti.
Galeano comienza su Libro de los Abrazos apuntando que recordar viene del latin recordis, volver a pasar por el corazón. Tus pasos físicos por mi corazón fueron muy breves, pero el etéreo perdura, y ha sido de una contundencia, que si no fuera porque he dejado de creer en muchos absolutos para ser más honesta, le pondría ese adjetivo.
Hay gratitud, sin soberbias, de verdad, mucha gratitud, después de tantos años, kilómetros, preguntas y sueños. Pero sigo sin cerrar mi gestalt, y aún no quedamos tablas, aún no.
Fui una niña precoz, menos para el romance, siempre fui una niña precoz. Con mis coletas rizas, mi sonrisa amplia, y esa mirada impertinente que casi siempre me delata. La sensatez, la responsabilidad y el nintai –que es como le llaman los japoneses al domino sobre sí mismo- llegaron pronto a mi vida, de manera que ante las amenazas de esa niñez precoz mi ingenio saltó como mi mejor defensa, para no necesitarte.
¿Tú me necesitaste? Allí van de nuevo, las preguntes, ya ves. Pero sólo para ésta si tuve respuesta, me la diste en ese último mensaje que dejaste en mi teléfono, dos años después de nuestra despedida. La última vez que escuché tu voz. Sí, me necesitaste. Pero no pude ayudarte, no estuve allí, de manera que nuestra historia siguió marcada por las ausencias.
Hoy tu ausencia es más obvia, porque tu cuerpo ya no está, ni siquiera a 6.000 km de distancia. No puedo volver a buscar en tu mirada, ahora que ya sé leerlas mejor que cuando tenía 18 años, mis respuestas.
Releo estas letras y parecen cargadas de tristeza y dolor, y lo único que lamento es que puedan generar una compasión inmerecida.
Corrijo, no es lo único. También lamento que este post no tenga final con moraleja, ni siquiera rebuscada al más puro estilo hollywoodense, y se nota una vez más mi rebeldía antiimperialista.
Me gustan los cumpleaños. Es importante para mi celebrarlos. Y hoy sería el tuyo. ¿Y si fuera el primero...? Ya sé que las niñas no deberían salir solas, pero mi adultez –precoz- puede acompañarme.
Tú siempre supiste donde encontrarme, y apenas ahora es que yo quizás pueda hacerlo contigo… así que ya sabes, podemos quedar allí en una esquina... en una esquina de mis sueños.

martes, 16 de mayo de 2006

La espera y la sorpresa


Ilustración: Por ti. Nicoletta Tomas.

Sus palabras llegan hoy como un susurro muy lejano, lejano pero contundente. Y si antes me debatía entre la espera y la sorpresa, hoy optó por el escepticismo y la sonrisa.
Entre la espera y la sonrisa y aún en contra de la sorpresa y el escepticismo, quisiera terminar estas letras como terminan las historias con finales felices, con moraleja si no es mucho ambicionar, pero eso si, sin la sensación de manidas y desafortunadas frases que suenan a rutina y monotonía. Prefiero, como he dicho antes, que la vida me sorprenda, desde luego para bien. Será por eso que sigo escribiendo, conjurando, aún sin finales.
Descubrir espacios ha sido una sorpresa, una grata sorpresa, a pesar incluso del súbito silencio. Será por eso que hoy tengo paz en el cuerpo, y a pesar de los pronósticos, paz en el alma.
En medio del silencio, yo esperaría, paciente, que sus manos esfumaran su ausencia. Pero he decidido sonreír, mientras tanto, para no esperar y dejarme sorprender con las buenas nuevas que en estos días de primavera encendida –y casi consumida y consumada- parecen abundar. Sé que será su recuerdo el que un día se sorprenda, súbito, como diría Benedetti “no sé cómo ni sé con que pretexto”, se sorprenda sonriéndome… No esperes…

miércoles, 3 de mayo de 2006

Redención

Ilustración: Sin título. Anónimo.

A mi amigo Karl, que prefiere el reproche como condena de su ausencia que su absolución…


Hay quien condena el olvido con el desquite, otros con la desmemoria.
Hay quien condena la ausencia con el reproche, otros con la indiferencia.
Hay quien condena el desamor con la negación, otros con la reciprocidad.
Hay quien condena la traición con el hostigamiento, o el rencor, otros con el olvido...
Pero me pregunto entonces, ¿quien se atreve a redimir hoy al otro por el olvido, el desamor, la traición y la ausencia?
Sin condenas.
Yo opto por la redención de la palabra oportuna de cada amanecer -o atardecer, depende del hemisferio- para ese, que esta allí, o que no está, que dejará de estar, o que en un feliz momento, por obra de la casualidad o de un descuido de la vida, estará...