Ilustración: La vendedora de alcatraces. Diego Rivera.martes, 30 de septiembre de 2008
Olvido
Ilustración: La vendedora de alcatraces. Diego Rivera.Torpeza
jueves, 21 de agosto de 2008
Estridencia
Ilustración: Aparición del rostro de Afrodita. Salvador Dalí.jueves, 22 de junio de 2006
Expresionismo
Ilustración: Güter Fischplatz. Paul Klee.Lo veo más claro. Las distancias físicas y temporales siempre lo hacen a uno ver diáfano, con menos bruma que cuando se está irresistiblemente cerca o imbuido en medio. Yo prefiero el expresionismo, mientras él se decanta por el impresionismo.
Porque tal como los impresionistas prefiere apreciar las cosas según la impresión que la luz produce a la vista, e incluso traduce sus experiencias mediante la selección subjetiva de algunos de sus componentes.
Yo por el contrario, repito, soy más expresionista. Si. Admiro las obras de Renoir, Cezanne, Monet, Degas y Pissaro, me gusta verlas, las aprecio, y si hablamos en términos estéticos hasta serían mis favoritas. Pero en lo demás prefiero la intensidad de la expresión sincera, esa que sale de nuestras profundidades, aun a costa del equilibrio formal.
Es sólo una cuestión de desencuentro artístico.
lunes, 29 de mayo de 2006
Bio-ritmo
Ilustración: A Couple with Their Heads Full of Clouds 1936 2. Salvador Dalí.Es una cuestión de tiempos vitales. Yo tiro más al aire, él a la tierra -¿o viceversa?-. Y aunque parezca también una cuestión de elementos, esta tendencia igual la marca el tiempo.
¿Es menos legítimo el rasante vuelo de una gaviota al lado del sigiloso y cauto paso de un felino? ¿Es acaso más válida la pausada cadencia en el andar de los rumiantes comparada con los ligeros y sofisticados pasos equinos?
Ni mucho menos. Ni mucho más. Igual todos avanzan y se suman –no se restan-, y la perspectiva del camino de uno nunca será exactamente igual a la del otro, y quizás por eso el sortilegio de las diferencias, y desde luego de los ritmos.
Absurdo o rebuscado quizás buscar en el reino animal eufemismos que expliquen esta asincronía.
Pero es eso, es cuestión de ritmos. Un ritmo que lamentablemente y por esta vez no marca la cadencia de mis caderas, en vertical y en horizontal –sin ingenuidades a estas alturas, que la honestidad no desarma lo sublime-, sino el deseo libre de unas manos que en esta partida son las siguientes en mover.
Unas manos, las suyas. Resumen de ingenio y sensibilidad, que por confesión propia siempre tratan de hacer poesía. Y lo logran. Si algo quisiera confiar en ellas es la esperanza de que se hagan eco de su mente, si… y de su alma… y de su piel.
Acaso puede alguien negar que ambas mentes, ambas pieles, ambos ritmos hayan comenzado a componer la melodía y la armonía de alguna pieza excepcional a cuatro manos…