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martes, 30 de septiembre de 2008

Olvido

Ilustración: La vendedora de alcatraces. Diego Rivera.

Me duele la memoria de tanto tener que olvidar. No sé si a estas alturas se me hace más fácil o más difícil, lo que sí sé es que me agota, me deja con pocas fuerzas. La tristeza se me hace líquida y pesada, y aunque me abandone el cuerpo en forma de lágrimas y otras veces de letras para exorcizar, me queda por horas, por días, la sensación de caminar con un pesado traje que me hace arrastrar los pasos y la respiración. Y eso me hace dolerme.
Así que hago acopio de fuerzas y recurro a la poesía como asidero. Y recito como credos el Yo no sabía de Juan Gelman, la Culpa es de uno de Benedetti hasta que tras la resignación la sonrisa se va asomando con Y uno aprende de Borges
La poesía como analgésico.

Torpeza

Ilustración: http://www.ashesandsnow.org/

Facundo Cabral recitaba una vez: "Hay gente de tan corta vista mental…".
No es difícil repetir esta frase a veces en el día a día. Yo tengo, ahora, una variación: hay gente de tan corta vista emocional… que afortunadamente logran méritos en otras áres de su vida para tener el aprecio y el respeto de los demás. Personas con un ego avasallante, que se quedaron emocionalmente en la minoría de edad y tratan como pañuelos desechables a los demás. Gente que pretende blindarse de vulnerabilidades dando el primer golpe, sin darse cuenta que en el fondo se defienden sólo de ellos mismos.
Torpeza. No cabe duda que por más racionales e inteligentes que sean, son de una torpeza inexplicable, indispuestos a ver más allá de sus miedos y aprehensiones. De entender que pierden más de lo que ganan, porque los primeros que se hacen desechables al perder el respeto a y de los demás son ellos mismos. Y con ello pierden sus prebendas. Torpes.

jueves, 21 de agosto de 2008

Estridencia

Ilustración: Aparición del rostro de Afrodita. Salvador Dalí.

El sigilo duró poco. Aunque lo había visto venir, la defensa sonó con estridencia. La previsión me sirvió de poco. El escepticismo me sirvió menos. El miedo retumbó en una pregunta. Y ya puestos en el escándalo, decidí abrir la caja de los truenos de una verdad velada y sensible. Y esa noche no hubo silencio. El ego, en palabras merecidas y no, no dejó de hablar.
Entiendo ahora más el horror del Dr. Jekyll frente a su Mr. Hyde.

jueves, 22 de junio de 2006

Expresionismo

Ilustración: Güter Fischplatz. Paul Klee.

Lo veo más claro. Las distancias físicas y temporales siempre lo hacen a uno ver diáfano, con menos bruma que cuando se está irresistiblemente cerca o imbuido en medio. Yo prefiero el expresionismo, mientras él se decanta por el impresionismo.
Porque tal como los impresionistas prefiere apreciar las cosas según la impresión que la luz produce a la vista, e incluso traduce sus experiencias mediante la selección subjetiva de algunos de sus componentes.
Yo por el contrario, repito, soy más expresionista. Si. Admiro las obras de Renoir, Cezanne, Monet, Degas y Pissaro, me gusta verlas, las aprecio, y si hablamos en términos estéticos hasta serían mis favoritas. Pero en lo demás prefiero la intensidad de la expresión sincera, esa que sale de nuestras profundidades, aun a costa del equilibrio formal.
Es sólo una cuestión de desencuentro artístico.

lunes, 29 de mayo de 2006

Bio-ritmo

Ilustración: A Couple with Their Heads Full of Clouds 1936 2. Salvador Dalí.

Es una cuestión de tiempos vitales. Yo tiro más al aire, él a la tierra -¿o viceversa?-. Y aunque parezca también una cuestión de elementos, esta tendencia igual la marca el tiempo.
¿Es menos legítimo el rasante vuelo de una gaviota al lado del sigiloso y cauto paso de un felino? ¿Es acaso más válida la pausada cadencia en el andar de los rumiantes comparada con los ligeros y sofisticados pasos equinos?
Ni mucho menos. Ni mucho más. Igual todos avanzan y se suman –no se restan-, y la perspectiva del camino de uno nunca será exactamente igual a la del otro, y quizás por eso el sortilegio de las diferencias, y desde luego de los ritmos.
Absurdo o rebuscado quizás buscar en el reino animal eufemismos que expliquen esta asincronía.
Pero es eso, es cuestión de ritmos. Un ritmo que lamentablemente y por esta vez no marca la cadencia de mis caderas, en vertical y en horizontal –sin ingenuidades a estas alturas, que la honestidad no desarma lo sublime-, sino el deseo libre de unas manos que en esta partida son las siguientes en mover.
Unas manos, las suyas. Resumen de ingenio y sensibilidad, que por confesión propia siempre tratan de hacer poesía. Y lo logran. Si algo quisiera confiar en ellas es la esperanza de que se hagan eco de su mente, si… y de su alma… y de su piel.
Acaso puede alguien negar que ambas mentes, ambas pieles, ambos ritmos hayan comenzado a componer la melodía y la armonía de alguna pieza excepcional a cuatro manos…