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miércoles, 28 de marzo de 2007

Círculo virtuoso

Ilustración: Cristales Líquidos. Karen Neil.

Eugéne Ionesco, padre del teatro del absurdo escribió alguna vez “toma un círculo, acarícialo, y se convertirá en vicioso”.
Hay vicios de vicios, desde luego.
El helado de ron con pasas casi derretido, las charlas nocturnas prolongadas y el conjuro de escribir son mis preferidos. Pero hay otros que caducan, y como tal, tienen por destino escrito la basura.
Ser presa y cazar al mismo tiempo, en la pirámide alimenticia todos comemos, comer es un gusto, entre el gusto y el oído prefiero el oído, te escucho y con tus palabras me tocas, al tacto se exhalan los mejores aromas, cuatro menos uno es igual a seis, l'extase de l'aveugle, el ciego continua el camino hablando solo, mientras le acompaña la ausencia. Y después de todo yo la acaricio, a la ausencia.
Es entonces cuando caigo en cuenta de lo absurdo.
Pero levanto el rostro y basta con la mirada para recibir sus abrazos irrestrictos, sus palabras incondicionales y su presencia, esa inefable, esa indudable. Y en la virtud de la solidaridad de mis amigos, cierro en círculo.

lunes, 29 de mayo de 2006

Once upon a time...

(o sea chico, érase una vez...)

En tiempos de la Nostalgia, miembros de las diferentes castas que habitaban la tierra media se congregaron en el valle cercano al Gran Océano que separaba los Continentes Mayores, y decidieron formar la Comunidad del Ron.

El motivo: buscar la compañía necesaria y la solidaridad inexorable –acompañantes usuales de los exiliados voluntarios- para que el Señor Oscuro no trajera de nuevo la soledad y el desánimo al corazón de los andantes.

Gandalf Mejía y Adriana Bolsón los guiarían a través del Valle de las Cenas Perpetuas, el Abismo de la Sonrisa Espontánea y las Minas de la Marcha Madrileña...


Esto podría seguir indefinidamente, así que porqué mejor no brindamos por ti, por los olores, sabores, texturas, sueños alcanzados y tareas pendientes, vividos y por vivir, y así, cada vez que juegues a las escondidas con la nostalgia no te sea difícil recordarnos con una sonrisa.

Aunque recordar quizás no sea la palabra más adecuada, por aquello de volver a pasar por el corazón. No se puede volver a pasar por un sitio del que no se ha partido...

Un abrazo y nuestra mirada, para que eches mano de ellos cada vez que se necesite.

jueves, 18 de mayo de 2006

Ribeira

Ilustración: Ribeira. Autor desconocido.

A mi querida J, por su familia de mar.

Esta tarde la familia tenía aroma a mar. El mar llegó con ellos. Llegó hasta mis sentidos, siempre con sus buenos augurios, sus arrullos, sus silencios.
Me sentí como en casa, de nuevo, con voces dispersas en múltiples conversaciones, manos que van y vienen de la mesa a la cocina y de nuevo a la mesa, las carcajadas de los niños, la diligencia de la madre, las sonrisas resueltas de todos.
Estábamos con "nuestra" familia gallega, de visita en Madrid, pero era como si estuviéramos frente al mar. Escuchaba hablar de las rías, y era casi como si ya hubiese estado en Ribeira a través de sus sentidos. Y fue como repetir esas concurridas reuniones familiares en Maracaibo, con voces dispersas en múltiples conversaciones, manos que van y vienen de la mesa a la cocina y de nuevo a la mesa, las carcajadas de los niños, la diligencia de las madres, las sonrisas resueltas de todos. Me sentí profundamente privilegiada, y cuando menos agradecida.
Cuando se está lejos del hogar, uno se vuelve un ciudadano de ninguna parte –y de todas-, huérfano a ratos, pero en momentos, en prodigiosos momentos como esta tarde, una se convierte en hija, hermana, tía, cuñada de una familia que te acoge como si te hubiera traído un buen día el mar.
Y de nuevo te sientes arropada, y hay quien se ríe de tus chistes malos y discute el partido, y te pregunta como está la comida, y te pide que la ayudes a servir, y comparte contigo el último trozo que quedaba en el plato, y brindas y ríes la nueva gracia de los niños- cuidado que están debajo de la mesa-, y te sonríe el alma al ver sonreír sus caritas y tu corazón vuelve a sentir esa inefable sensación de pertenencia.
Y es como estar, con tus cabellos alborotados por la brisa, oliendo el mar.

martes, 16 de mayo de 2006

Anuncio en sueños

Ilustración: Maternidad. 1924. Joan Miró.

Te delataron mis sueños. Será por eso que me lo dijiste tú antes que nadie, sin necesidad de cables ni wi-fi, a través de mis sueños, en una suerte de anunciación virginal –sin virgen a estas alturas del partido, todo hay que decirlo- postmodernista tirando a sociedad de la información.
Detrás de esa mirada azul en la que siempre busco perderme, y desde luego encontrarme, reencontrarme y una vez más reconocerme, pude ver unos ojitos nuevos, pequeñitos, curiosos, que en unos meses verán el mundo, nuestro mundo, ese que compartimos desde hace más de 20 años.
Descubrirán poco a poco la vida, nuestras vidas, esa que me regaló el sortilegio de conocerte, y una vez puesta quererte, amarte tan profundamente como tu mirada azul.
La mía, mi mirada, anoche lloraba, lloraba porque la dicha no me cabe en el cuerpo y como me suele suceder con las emociones trasatlánticas, me desborda y un aguacero me inunda los ojos, que hoy más nunca quisieran mirarte, y abrazarte, cobijarte y compartir esa indescriptible gracia de tu inminente maternidad.
Eres mi mejor amiga, eso ya lo sabes, y nunca, a pesar de los desencuentros, las distancias y los silencios he podido quitarte el cartelito. Cómo hacerlo cuando mi memoria rehace una y otra vez nuestras confidencias interminables, las risas absolutas, las lágrimas temporales y definitivas, pero sobre todo esa sensación de seguro refugio que siempre me has inspirado. Yo con mis chistes malos, mis anécdotas imposibles, mis disertaciones infumables y mi melena de rizos estoy segura que siempre he alegrado tu imperturbable serenidad, te ha delatado la sonrisa de tus ojos.
Has tenido la generosidad de regalarme un padre, una madre, y ahora un(@) hermos@ sobrin@ que se reirá con la mirada –como tú- y con aspaviento –como A- cuando también yo lo duerma recitándole historias increíbles de uno y otro lado del Atlántico.
Puedo sentirte, querida F, sentirlos. Siento las dudas que te asaltan, ese limbo en la boca del estómago que percibes apenas te levantas y la ilusión de saber cómo será su rostro, sus manitos, sobre todo cuando vas a acostarte. Es la unica explicación que le encuentro para alguien que nunca ha pasado por eso. Y no puedo esperar tampoco a conocerl@, aunque quizás también en esto nos pueda la curiosidad. Por eso me iré a la cama pronto de ahora en adelante. Quizás también l@ conozca antes y nuestra primera cita no sea en Maracaibo… sino en mis sueños.

miércoles, 3 de mayo de 2006

Redención

Ilustración: Sin título. Anónimo.

A mi amigo Karl, que prefiere el reproche como condena de su ausencia que su absolución…


Hay quien condena el olvido con el desquite, otros con la desmemoria.
Hay quien condena la ausencia con el reproche, otros con la indiferencia.
Hay quien condena el desamor con la negación, otros con la reciprocidad.
Hay quien condena la traición con el hostigamiento, o el rencor, otros con el olvido...
Pero me pregunto entonces, ¿quien se atreve a redimir hoy al otro por el olvido, el desamor, la traición y la ausencia?
Sin condenas.
Yo opto por la redención de la palabra oportuna de cada amanecer -o atardecer, depende del hemisferio- para ese, que esta allí, o que no está, que dejará de estar, o que en un feliz momento, por obra de la casualidad o de un descuido de la vida, estará...