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jueves, 21 de agosto de 2008

80 años

Ilustración: Mi abuela. Yo.

La que huele a canela cumplió ayer 80 años. Ella creía que llegaría a 75 ó 76 pero ha llegado, contra su propio pronóstico, a 80 años. Le canté las mañanitas.
Lleva una cicatriz en la rodilla izquierda de una operacion de prótesis de hace un par de años, que orgullosamente enseña cada vez que tiene oportunidad como si de una herida de guerra se tratara.
De guerra, su guerra particular por ser fuerte y entera desde que a los 12 años se convirtió precoz en la madre de sus hermanos cuando la suya se despidió prematuramente.
Decidió que no tenía más opción que ser fuerte, y así nos lo enseñó a su descendencia. Y así lo aprendimos.
Mientras hablaba con ella, y tal como otras veces intentaba acariciarla con mi voz de este lado del teléfono me dijo que lo mejor de cumplir 80 años era que aún podía hacerse su comida y lavar su ropa. Me la imaginé diciéndomelo con su sonrisa accidentada y sus ojos hundidos llenos de miel.
Lo decía orgullosa.

lunes, 17 de abril de 2006

Olor a canela

Mi abuela siempre huele a canela. Desde pequeña tiene por hábito masticar clavos de olor después de comer. Con clavos de olor en su boca ha parido 10 hijos, criado 15, enterrado tres, cuidado de 7 nietos, ha visto nacer al primer bisnieto, construido una y otra vez su vida al lado de su único marido por 60 años y mantenido su jardín eterno desde que descubrió que entre sus plantas perpetúa ese milagro. Ella es el amor incondicional, a veces implacable, casi siempre entrañable, y por eso desde que tengo uso de razón éste tiene olor a ella. No me cabe duda. Si el alma desprende algún aroma, debe ser a canela…

Ilustración: Alegrame el día. Nicoletta Tomas.