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miércoles, 28 de marzo de 2007

Mi Alma

Ilustración. Abriendo los ojos y el corazón. Nicoletta Tomas.

Últimamente no hacen más que nacer niños a los que quiero antes de que lloren por primera vez. Es más, a los más cercanos los he llegado a conocer antes que sus padres, quienes afortunadamente entienden bastante bien esta ventaja.
Se me aparecen en sueños. Sí, en sueños. Yo al principio no me lo creía, pero ahora me rindo a las evidencias.
Para mi es el mínimo consuelo, tomando en cuenta que sólo esporádicamente podré disfrutarlos.
Y que conste que afortunadamente no siento aún los rigores del reloj biológico.
Pero el reloj de los afectos hoy da campanadas. Hoy nace mi Alma, aunque en un fervor religioso su madre quiera llamarle con una advocación a la virgen, convencida que así los poderes celestiales las protegerán más y mejor. Yo es que me quedo con la elección primera de su padre, mi hermano.
El primer regalo que le he comprado han sido unas zapatillas. Conjuro con ello que sus pasos la lleven tan lejos como lo disponga su alma.
Hoy me prometo escribirle historias del mundo que recorro, para que lo conozca a través de mi mirada mientras va encendiendo la suya.
Encender. Esa palabra me gusta para ella. Hoy, sin ir más lejos, nos enciende el alma.

martes, 16 de mayo de 2006

Anuncio en sueños

Ilustración: Maternidad. 1924. Joan Miró.

Te delataron mis sueños. Será por eso que me lo dijiste tú antes que nadie, sin necesidad de cables ni wi-fi, a través de mis sueños, en una suerte de anunciación virginal –sin virgen a estas alturas del partido, todo hay que decirlo- postmodernista tirando a sociedad de la información.
Detrás de esa mirada azul en la que siempre busco perderme, y desde luego encontrarme, reencontrarme y una vez más reconocerme, pude ver unos ojitos nuevos, pequeñitos, curiosos, que en unos meses verán el mundo, nuestro mundo, ese que compartimos desde hace más de 20 años.
Descubrirán poco a poco la vida, nuestras vidas, esa que me regaló el sortilegio de conocerte, y una vez puesta quererte, amarte tan profundamente como tu mirada azul.
La mía, mi mirada, anoche lloraba, lloraba porque la dicha no me cabe en el cuerpo y como me suele suceder con las emociones trasatlánticas, me desborda y un aguacero me inunda los ojos, que hoy más nunca quisieran mirarte, y abrazarte, cobijarte y compartir esa indescriptible gracia de tu inminente maternidad.
Eres mi mejor amiga, eso ya lo sabes, y nunca, a pesar de los desencuentros, las distancias y los silencios he podido quitarte el cartelito. Cómo hacerlo cuando mi memoria rehace una y otra vez nuestras confidencias interminables, las risas absolutas, las lágrimas temporales y definitivas, pero sobre todo esa sensación de seguro refugio que siempre me has inspirado. Yo con mis chistes malos, mis anécdotas imposibles, mis disertaciones infumables y mi melena de rizos estoy segura que siempre he alegrado tu imperturbable serenidad, te ha delatado la sonrisa de tus ojos.
Has tenido la generosidad de regalarme un padre, una madre, y ahora un(@) hermos@ sobrin@ que se reirá con la mirada –como tú- y con aspaviento –como A- cuando también yo lo duerma recitándole historias increíbles de uno y otro lado del Atlántico.
Puedo sentirte, querida F, sentirlos. Siento las dudas que te asaltan, ese limbo en la boca del estómago que percibes apenas te levantas y la ilusión de saber cómo será su rostro, sus manitos, sobre todo cuando vas a acostarte. Es la unica explicación que le encuentro para alguien que nunca ha pasado por eso. Y no puedo esperar tampoco a conocerl@, aunque quizás también en esto nos pueda la curiosidad. Por eso me iré a la cama pronto de ahora en adelante. Quizás también l@ conozca antes y nuestra primera cita no sea en Maracaibo… sino en mis sueños.

lunes, 17 de abril de 2006

Olor a canela

Mi abuela siempre huele a canela. Desde pequeña tiene por hábito masticar clavos de olor después de comer. Con clavos de olor en su boca ha parido 10 hijos, criado 15, enterrado tres, cuidado de 7 nietos, ha visto nacer al primer bisnieto, construido una y otra vez su vida al lado de su único marido por 60 años y mantenido su jardín eterno desde que descubrió que entre sus plantas perpetúa ese milagro. Ella es el amor incondicional, a veces implacable, casi siempre entrañable, y por eso desde que tengo uso de razón éste tiene olor a ella. No me cabe duda. Si el alma desprende algún aroma, debe ser a canela…

Ilustración: Alegrame el día. Nicoletta Tomas.