Mostrando las entradas con la etiqueta tristeza. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta tristeza. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de septiembre de 2008

Olvido

Ilustración: La vendedora de alcatraces. Diego Rivera.

Me duele la memoria de tanto tener que olvidar. No sé si a estas alturas se me hace más fácil o más difícil, lo que sí sé es que me agota, me deja con pocas fuerzas. La tristeza se me hace líquida y pesada, y aunque me abandone el cuerpo en forma de lágrimas y otras veces de letras para exorcizar, me queda por horas, por días, la sensación de caminar con un pesado traje que me hace arrastrar los pasos y la respiración. Y eso me hace dolerme.
Así que hago acopio de fuerzas y recurro a la poesía como asidero. Y recito como credos el Yo no sabía de Juan Gelman, la Culpa es de uno de Benedetti hasta que tras la resignación la sonrisa se va asomando con Y uno aprende de Borges
La poesía como analgésico.

jueves, 21 de agosto de 2008

Estridencia

Ilustración: Aparición del rostro de Afrodita. Salvador Dalí.

El sigilo duró poco. Aunque lo había visto venir, la defensa sonó con estridencia. La previsión me sirvió de poco. El escepticismo me sirvió menos. El miedo retumbó en una pregunta. Y ya puestos en el escándalo, decidí abrir la caja de los truenos de una verdad velada y sensible. Y esa noche no hubo silencio. El ego, en palabras merecidas y no, no dejó de hablar.
Entiendo ahora más el horror del Dr. Jekyll frente a su Mr. Hyde.

viernes, 18 de julio de 2008

Encima de la piel

Ilustración: Dawn. Alphonse Mucha.

En los últimos meses me he sentido un lugar común, con lo poco que me gustan, yo fanática de las palabras y el desafío de su originalidad. La tristeza me cayó encima una mañana, mientras estaba distraída, y se encargó de adherirse a esos casi dos metros cuadrados de piel que mi cuerpo, como el común de los mortales, tiene. Se convirtió en una segunda piel, externa hasta ahora me doy cuenta, y yo me convertí entonces en un lugar común.
No entendí, entonces, y sigo sin hacerlo. Por más que haga y rehaga los hechos y las circunstancias. Pero ocurrió, sencillamente ocurrió.
La tristeza sigue adherida, pero me he dado cuenta que por más que haga para sacudirla los esfuerzos voluntarísticos me traerán menos resultados que la paciencia… y la serenidad.
El que esté encima y no debajo es una gran ventaja. Eso quiere decir que aún debajo de mi piel se conserva lo fundamental. Y eso no es triste.