Ilustración: A todas las niñas valientes que salen a buscar lo que quieren. Nicoletta Tomas.Harías 51. 51 años, hoy.
¿Cómo lo celebrarías? Otras de las innumerables preguntas que siempre me inspiras al pensar en ti. Me es inevitable, ya ves, desde niña, aunque no recuerdo a ciencia cierta cuando me hice la primera.
Muy probablemente yo ni siquiera podría felicitarte, no sabría donde hacerlo. Y con mi conocida y brutal franqueza debo decir que preferiría no hacer algo tan sin sentido.
Seguramente por eso hoy me acuerdo de ti. Como siempre, me acuerdo de ti.
Galeano comienza su Libro de los Abrazos apuntando que recordar viene del latin recordis, volver a pasar por el corazón. Tus pasos físicos por mi corazón fueron muy breves, pero el etéreo perdura, y ha sido de una contundencia, que si no fuera porque he dejado de creer en muchos absolutos para ser más honesta, le pondría ese adjetivo.
Hay gratitud, sin soberbias, de verdad, mucha gratitud, después de tantos años, kilómetros, preguntas y sueños. Pero sigo sin cerrar mi gestalt, y aún no quedamos tablas, aún no.
Fui una niña precoz, menos para el romance, siempre fui una niña precoz. Con mis coletas rizas, mi sonrisa amplia, y esa mirada impertinente que casi siempre me delata. La sensatez, la responsabilidad y el nintai –que es como le llaman los japoneses al domino sobre sí mismo- llegaron pronto a mi vida, de manera que ante las amenazas de esa niñez precoz mi ingenio saltó como mi mejor defensa, para no necesitarte.
¿Tú me necesitaste? Allí van de nuevo, las preguntes, ya ves. Pero sólo para ésta si tuve respuesta, me la diste en ese último mensaje que dejaste en mi teléfono, dos años después de nuestra despedida. La última vez que escuché tu voz. Sí, me necesitaste. Pero no pude ayudarte, no estuve allí, de manera que nuestra historia siguió marcada por las ausencias.
Hoy tu ausencia es más obvia, porque tu cuerpo ya no está, ni siquiera a 6.000 km de distancia. No puedo volver a buscar en tu mirada, ahora que ya sé leerlas mejor que cuando tenía 18 años, mis respuestas.
Releo estas letras y parecen cargadas de tristeza y dolor, y lo único que lamento es que puedan generar una compasión inmerecida.
Corrijo, no es lo único. También lamento que este post no tenga final con moraleja, ni siquiera rebuscada al más puro estilo hollywoodense, y se nota una vez más mi rebeldía antiimperialista.
Me gustan los cumpleaños. Es importante para mi celebrarlos. Y hoy sería el tuyo. ¿Y si fuera el primero...? Ya sé que las niñas no deberían salir solas, pero mi adultez –precoz- puede acompañarme.
Tú siempre supiste donde encontrarme, y apenas ahora es que yo quizás pueda hacerlo contigo… así que ya sabes, podemos quedar allí en una esquina... en una esquina de mis sueños.
1 comentario:
Otra vez, y aún a riesgo de que pierda su valor:"Gracias, gracias, muchas gracias...", y esta vez, no solo por regalarme el maravilloso deleite de volver a leerte y "disfrutarte" en un nuevo "conjurar de palabras" a tu estilo, sino por abrirme una nueva ventanita a tu interior, por la que poder asomarme a la profundidad de tu alma y tus sentimientos, que me ayudan a conocerte mejor, a la mujer de hoy y a la niña de ayer. Gracias por compartir esa parte de tí, con la que seguramente el diálogo no esté siendo nada fácil. Quizá todos tengamos aún que reconciliarnos con ella, con él, con ellos...
Gracias.
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