viernes, 2 de junio de 2006

Diálogos de trashumantes

Trashumar, dicho de una persona, significa cambiar periódicamente de lugar.
En casos menos humanos hace referencia a pasar
desde las dehesas de invierno a las de verano, y viceversa.

Esa noche hablaron de trashumante a trashumante.
El cambia de mirada y de piel para no quedarse atrapado en el lugar equivocado, sin saberlo…
Ella cambia de país para que no la atrape el tedio ni le alcancen las convenciones, la Normalidad, esa con mayúscula que amenaza con dormirla entre paradigmas y lugares comunes.

Diálogo primero
- Él: ¿Cómo has llegado hasta aquí?
- Ella: Soy mis sueños andando…

Diálogo segundo
Sobrevino el silencio después del primer acto…
- Él: ¿Qué piensas?
- Ella: En la generosidad de las circunstancias. Qué iba a imaginar que recibiría mi cumpleaños reconociéndome en tu piel…
- Él: Por cierto, creo que ya es hora. Felicidades…


Diálogo tercero
Su lenguaje corporal contradecía exquisitamente a su lenguaje oral –cunilingus aparte-. El seguía con caricias absolutas la onda de su cabello, el de ella...
- Él: Soy muy mal amigo, soy egoísta y nunca me he enamorado.
- Ella: Qué mal te vendes…
- Él: Creo que la única vez que me he emocionado fue al ver la escena de mi madre al pie del lecho de muerte de mi padre, mientras se miraban entrañablemente, 60 años después, aún queriéndose y sabiendo además que quizás sería la última vez que se verían…

- (Era realmente absurdo decir algo que no sobrara... por eso ella no dijo nada)

Diálogo cuarto
- Él: ¿Qué esperas?
- Ella: No espero, en general. Después de estos años de tanta cuesta arriba quiero dejar que la vida me sorprenda…

Me atrevería a afirmar que, sin que se dieran cuenta, esa anoche la vida los sorprendió a ambos. Permanecieron, sigilosos y como sostenidos por invisibles mendrugos de impresiones. Permanecieron.
Dicen que en esos momentos, somos realmente vulnerables y sinceros. El lenguaje corporal no puede mentir, y eso no significa sólo que un hombre no pueda fingir una erección, ni una mujer evitar una lubricación. Despojados de todo vestido, del cuerpo y la personalidad, de todo, no hay nada que quede oculto entre una piel y la otra. Si sobre algo hay duda, es por que realmente no se ha querido saber.
Ese día trashumaron, del invierno de la solitude al verano de la Compañía, esa con mayúscula, que los previene del hallazgo de un lugar en común.

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