miércoles, 3 de mayo de 2006

Redención

Ilustración: Sin título. Anónimo.

A mi amigo Karl, que prefiere el reproche como condena de su ausencia que su absolución…


Hay quien condena el olvido con el desquite, otros con la desmemoria.
Hay quien condena la ausencia con el reproche, otros con la indiferencia.
Hay quien condena el desamor con la negación, otros con la reciprocidad.
Hay quien condena la traición con el hostigamiento, o el rencor, otros con el olvido...
Pero me pregunto entonces, ¿quien se atreve a redimir hoy al otro por el olvido, el desamor, la traición y la ausencia?
Sin condenas.
Yo opto por la redención de la palabra oportuna de cada amanecer -o atardecer, depende del hemisferio- para ese, que esta allí, o que no está, que dejará de estar, o que en un feliz momento, por obra de la casualidad o de un descuido de la vida, estará...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sin condenas, claro que sí. Quizá algunos no tenemos más remedio que perdonar, redimir (si es que acaso tenemos ese poder alguno de nosotros), porque tendemos a entender las razones de los demás...a pesar de que suframos tanto, de que el dolor a veces nos ciegue durante demasiado tiempo y el rencor parezca instalarse en nuestro corazón...Al final, sabemos que todo pasa, todo fluye (ya lo dijo Heráclito)...y el dolor también. Así que solo queda resurgir de nuestras cenizas, aprender lo que podamos y seguir buscando caminos: de gozo, de breve felicidad, de alegría, de crecimiento...
Por eso, una vez más...Gracias, gracias, muchas gracias.