Câlin se le llama en francés a la caricia, al mimo ese que hace estremecer, el cuerpo o el ánimo, o los dos, no siempre se puede diferenciar entre ambos...
Una caricia no siempre es gratis -se corre el riesgo de encontrar mercenarios de los afectos por la vida-, pero cuando lo es, incondicional, vale el doble, y se cotiza al alza.
Cuando no hay deudas les câlins saben a duraznos, o a chocolate, o a helado de vainilla...
Cuando no hay expectativas, les câlins se sienten como un estremecimiento en la nuca, como la melodía de un fado entrañable, como la tibieza de una cama.
Cuando entre dos no hay nada más que câlins se cree en la humildad de los prodigios, en que ser generoso sale barato y no tiene porqué doler, y como si no bastara, se recuerda que la vida es demasiado corta para ser mezquino con uno mismo, y con los demás. Y viceversa...
El breve e implacable gesto de unos dedos que sutilmente rozan el cabello, la caricia en la espalda, el roce de la mano en el hombro, el toque de tu palma en mi rostro...
El desarme pacífico y sin oportunidad de contrataque.
Câlins... sencillos sortilegios que no retiene la memoria... o sí.

2 comentarios:
Que mejor bálsamo para mi alma que poderte leer .... definitivamente son câlins para mi ánimo y un excelente alimento para mi vicio
"El desarme pacífico y sin oportunidad de contraataque"...Maravillosa manera de compartir, de ayudarme a rememorar, a "degustar" de nuevo momentos, instantes que, sin lugar a duda están provocando cambios dentro de mí...no dudes que, estos sí, los retendrá mi memoria...mejor, mi alma...
Nuestra próxima conversación, cara a cara...espero desvelar el enigma..."se recuerda que la vida es demasiado corta para ser mezquino con uno mismo y con los demás"...Câlins...
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